
Exprinter Viajes te invita vivir una Semana Santa diferente, con toda la música y el color de las tradicionales fiestas religiosas bolivianas. Donde creencias ancestrales se unen en una mixtura única con la fe católica, y dan como resultado una experiencia que nos traslada en tiempo y lugar.


Visitando toda la belleza de la América Colonial asentada en la Bolivia Oriental. Con su exótica flora rodeando la pujante Santa Cruz, y descubriendo a cada paso la calidez sencilla de sus pueblos, adornados con maravillosos testimonios arquitectónicos y artísticos, de influencia barroca traída por los Jesuitas desde Europa.

Un viaje donde cuidamos cada detalle, donde no hay turistas, sino viajeros dispuestos a vivir plenamente la identidad cultural de cada lugar, su deliciosa comida, su exquisita música, y sus genuinas tradiciones. Nos enaltece compartir con Ustedes este viaje que sin duda será inolvidable, más que un viaje, una vivencia!

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Por qué elegimos Bolivia?
Bolivia es un país hermano, lleno de costumbres y tradiciones que la dan una identidad cultural enorme. Sin mencionar maravillosos paisajes, que van de la selva, al desierto y el salar en un paso. La calidez de su gente, y la especial manera en que cuidan y conservan sus ritos especialmente los religiosos, son de digna admiración.



En este caso del sur, y especialmente en la región de Chiquitos, la tradición oral se ha visto asentada en partituras musicales de incalculable valor, que indígenas, y actualmente la comunidad en general interpretan con total naturalidad. Dichas obras se interpretan en toda Europa. La Chiquitanía fue poblada y armada por Misioneros jesuitas que dedicaron su vida a la evangelización del indígena, aprendiendo su idioma; el guaraní, y llegaron a ellos a través de las artes, principalmente a través de la música.

Bolivia condensa todo en un mismo lugar, por un lado; Santa Cruz, moderna y avanzada, considerada la Dubai de América Latina, en el marco selvático de su fronda, y por otro, el encanto de sus pueblos detenidos en el tiempo…


Llegar a Sucre será como asomarnos a lo más vital de la historia de Bolivia, todas las instituciones, como la Universidad más importante, la Corte Suprema de Justicia, están allí, es que fue capital en el pasado, y gozo de enorme importancia ya que en 1624 se fundó la Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco de Xavier de Chuquisaca y se unirá en el SXVIII al Virreinato del Río de La Plata, conocida como Charcas…

Potosí, nos llenará de entusiasmo con el paseo colonial por plazas y plazoletas, parques y jardines, con sus callecitas de piedra, sus típicas casas de tejas de barro con las paredes blancas, y donde se destaca la arquitectura religiosa más antigua. Rica en plata hechizó a la conquista española, disfrutando de teatros, salones de baile y una agitada vida social, mientras se explotaba brutalmente al indígena en las minas.

Bolivia da cuenta, en nuestro recorrido, de historia, cultura, modernidad, y el arte que está presente en todas sus manifestaciones.
Por esto, y mucho más que Usted tendrá la posibilidad de descubrir, junto a nosotros; elegimos BOLIVIA.
El Ritual y lo sagrado
La evangelización en toda América Latina dio lugar a algunos excesos por parte de la Iglesia Católica, pero es importante reconocer que también se lograron cosas maravillosas. El trabajo realizado especialmente por los Jesuitas, en el sur boliviano da testimonio de ello, y tuvieron lugar en el marco de las Misiones.


Los indígenas chiquitanos se vieron atraídos por la humildad sencilla de los sacerdotes,como Doménico Zípoli,que decidió estudiar el guaraní para poder relatar la Biblia en la lengua del lugar. Su acercamiento, pacífico, de nobles y sinceras intenciones, fue interpretado por el corazón boliviano. Es entonces que así como se conserva hasta hoy la lengua, también se conservan tradiciones anteriores a la conquista, que tienen que ver con el respeto a la Madre Naturaleza, a la que los Jesuitas aprendieron a asociar con los personajes mismos de la Biblia. La interpretación de la religión en el chiquitano, versa directamente en la manifestación artística, y celebra con alegría y entusiasmo la llegada de la Virgen, la resurrección de Cristo, la magnificencia de Dios en el Universo, y el encanto de sentirse rodeado de ángeles y santos.
Con plumas, y vestidos típicos, con chicha+, y challa+, y con una cantidad increíble de alacitas+, veneran a través de sus cantos, bailes y ceremonias la muerte y resurrección en una fiesta llena de una profunda espiritualidad.
Compartir esta experiencia junto a Ustedes, será sin duda uno de los objetivos de nuestro viaje.
+Chicha: bebida típica de base de maíz, challa: forma de festejo cuando algo es nuevo o se estrena, alacitas: miniaturas de todo lo que se quiera pedir para hijos, casa, dinero, etc., que sirven como ofrenda.
Un niño, una historia
10 de marzo del 2003, un niño añeno, esta a punto de encontrar su vocación después de una larga búsqueda. En la remota misión de Santa Ana, Chiquitos, tierras bajas del Oriente boliviano, Francisco Rochá Soriocó enterado de la llegada de un maestro, se precipita ansioso, con sus tempranos 12 años, al coro de la bella iglesia misional jesuítica donde yace altivo “el órgano”, aquel que de chiquito siempre había reverenciado sin nunca animarse a abordar. De puro respeto. Y se entiende: mas de 300 años pasaron desde que el jesuita Martín Schmid lo construyó y desde entonces ha sabido de glorias y oropeles pero lo que es hoy reposa todo manso en el lugar de siempre.
Deslumbrante, con sus frisos barrocos y sus claves relucientes. Inalcanzable.
Esa imagen y la de su papa Don Luis velando por el instrumento
como guardián del templo que es, son los recuerdos más vivos
de su infancia. Por eso el día en que Waldo Papu, el joven profesor
de música de Urubichá, llegó a Santa Ana, la carita se le iluminó
y supo con las primeras notas del himno a la Alegría
deslizándose entre sus dedos, que había finalmente encontrado su lugar en el mundo..
Esta es solo una de las miles de historias que florecen a la vera de los senderos rojos de la Chiquitania.
Como las mamushkas, esas muñecas rusas que esconden una y esa otra y así.
La verdadera historia, sin embargo, esa que se escribe con mayúscula, arrancó en 1691, en tiempos de la conquista española donde la única razón era la de la espada.
Felizmente, no para los hombres de la Compañía de Jesús que, afectos a las utopías se embarcaron hacia América disponiendo como único patrimonio la Cruz y una inmensa convicción: ellos instalarían su propia utopía en este nuevo edén rico en promesas.
La utopía del reino de Dios. Lo que sigue es historia conocida: los padres jesuitas se instalaron, fundaron reducciones, construyeron bellos templos, enseñaron
las escrituras, los oficios y las artes.
En especial, la escultura y la música. Pero fundamentalmente, conformaron una comunidad de amor y fe con los guaraníes, que cual demiurgos dieron formas a las más bellas concepciones de Martin Schmid, el jesuita arquitecto que tuvo sueños barrocos y los materializó en las Iglesias y sus ricos decorados. Concepción, San Ignacio, Santa Ana, San Xavier, San José de Chiquitos, Santiago…
Y de esta historia pasamos a otra más reciente: hace 30 años Hans Roth, el aspirante a jesuita suizo que no fue, vino, se instaló y en comunidad con la gente del lugar, al modo de los primeros padres, restauró templos y orgullo.
Hasta que un día en medio de las obras sobrevino el hallazgo y es ahí donde aparece una nueva historia: 10.000 partituras compuestas por los originarios yacían entre escombros, olvidadas. Las partituras fueron dadas a conocer y poco a poco fueron remozadas.
El orgullo por lo propio renació como un reguero de pólvora en los pueblos misionales y con él las sincréticas fiestas patronales con todas sus galas y fanfarrias paganas y su honda devoción cristiana.
Las escuelas musicales proliferaron también como hongos después de la lluvia y se poblaron de niños ávidos y sones barrocos.
Hoy la Chiquitania, rebosa de música y de arte misional. Como si Casa de Dios Puerta del Cielo, insignia que decora los frontis de sus bellos templos abrazase con su amorosa lógica a Francisco Rochá, el niño del órgano, pero también a Marcelo Zeballos, el joven compositor y músico, a Januario Soriocó, el violinista, a Francisco Taseo Surubí el cacique del cabildo, a Milton Villavicencio, el restaurador, a Filomena Vargas, la de las danzas. Y a todos. Locales y visitantes por igual
Lo invitamos a recorrer con nosotros esta tierra espiritual y su gente, de manos abiertas, miradas francas y a maravillarnos con sus tradiciones y sus historias entrañables.
Agradecemos la gentileza de Sergio Raczko, por permitirnos publicar en este blog sus maravillosas fotos de la Chiquitanía.
Fuentes consultadas:
Wikipedia, Enciclopedia Libre
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/z/zipoli.htm
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